Oveja: el origen

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   Buenas tardes nos dé Odín.

   El otro día estaba planteándome una cuestión.

   Antes que nada, debo aclarar que soy de ciudad profunda, no tengo la menor idea de la vida de campo, ni como se reproducen las palomas ni nada.

   Una vez matizado mi background medioambiental, continúo.

   Resulta que el otro día, por razones que no vienen al caso, me planteé el origen de las ovejas, probablemente el animal más insulso y lelo del mundo domesticado, un bicho que lo único que hace es mirarte y balar.

   La cuestión es que empecé a pensar que alguna vez este animal probablemente fue una criatura salvaje que correteaba feliz y libre por las praderas.

   Dado que incluso el perro tal y cómo lo conocemos, tiene sus orígenes en el lobo, un animal que fue domesticado hasta una humillación genética como puede ser el Yorkshire, más próximo a una ladilla de Chewbaka que a un canis lupus, teoricé sobre el posible origen de este bovino.

   Se me hacía difícil imaginarme una proto-oveja o una versión sauria previa, una brontoveja o un velocivejaptor. Me imaginaba a las ovejas correteando por algún momento de la prehistoria, buscando su sentido de la vida, algún tipo de dragón enorme cubierto de lana sin motivo, vomitando fuego. Dicha idea fue desechada por improbable, aunque muy chula. Nada, la oveja debió ser muy similar a la original, usando la lana como única defensa natural; ser una peluca a lo afro como forma de vida.

   Debe ser muy molesto para un tiranosaurio echarle bocado a una oveja y que se le quede la lana entre los dientes, además de que se te debe hacer bola que no tragas. Y con esas manitas que Dios le dio, no podría sacarse esa pelusa de entre los dientes.

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Esto es lo que pasa cuando un lobo, en lugar de comerse a la oveja, se la folla.

   La verdad es que así planteado, parece algo serio; la oveja sería un animal con el que nadie se metía por que te ahogas al comerlo. Era el polvorón del reino animal. Porque si los dinosaurios carecen de una habilidad, es la de pelar cosas para comerse lo de dentro.

   Así continuaron sin crear otras defensas o métodos de supervivencia, porque con ser atragantables ya hacían millas.

   Hasta que llegó el humano, y encontró en la lana de estas criaturas un modo de tener a la abuela entretenida haciendo calceta (recordemos que en el prehistoria no había sudokus, pasatiempos ni programas de Ramón García). Las trasquilaron (a las abuelas no, a las ovejas) y de un día para otro los predadores se las zamparon (a la ojevas, las abuelas no. Aunque, alguna caería) al haberles desprovisto de su defensa.

   Tras este rato de teorizar partiendo del desconocimiento, mientras ponía un huevo en el retrete, investigué, y parece que la oveja desciende del muflón, un animal con una cornamenta a la que hay que hablarle de usted.

   Menuda bajona de animal, del muflón a la oveja.

   Le quitas los cuernos a algo y mira en lo que se queda.

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