Cuando Don Quijote conoció a Marina Joyce

Muy buenas.

No sé si os habréis enterado de toda la historia acerca de una youtuber británica, ahora famosa, llamada Marina Joyce.

Si resulta que no, lo resumiré en que sus fans empezaron a notar que se comportaba de forma extraña y, por algún motivo, empezaron a deducir que estaba secuestrada y la forzaban a seguir haciendo vídeos. Al final, el asunto de la Marina resultó que no pasaba nada. Ni secuestro ni nada, aunque parece ser que su camello dice que está bien.

No obstante, si quieres saber más puedes ver el siguiente vídeo, porque realmente no voy a hablar del tema en sí. Para empezar, porque ya se ha hablado demasiado y, para continuar, porque para ser francos, me importa tres carajos.

 

¿Por qué hago una entrada sobre el asunto? Puede que te preguntes.

Porque lo que sí que me interesa es el fenómeno social y cómo esto es una prueba más de que no podemos creernos nada de lo que diga la masa. Especialmente de las masas.

 

Viendo gigantes donde hay molinos

Por algún motivo, alguien hizo saltar la liebre, y una masa de gente empezó a analizar los videos, detalle a detalle y a encontrar pistas por todas partes. Cualquier elemento era una prueba irrefutable que confirmaba las teorías. Si aparecía una escopeta en un rincón, era una señal de que la tenían amenazada. Si miraba fuera de cámara, es porque estaba mirando a sus captores. Susurros inenteligibles en los que decía «help me»…

A lo que voy es la manera en que la gente busca e interpreta cualquier cosa de forma que confirme sus creencias.

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Pero esto no es nada extraño, sino más bien lo normal. Si señores, por norma general tendemos a hacer caso a aquello que justifica nuestras creencias y, además, a interpretar las cosas como más nos interesa para reforzarlas (como la «atención selectiva», «selección congruente con nuestro estado de animo», «procesamientos dependientes de metas», y un largo etcétera de efectos y sesgos que manipulan la manera en que percibimos e interpretamos el mundo). En este caso, lo que interesaba era la investigación, el asunto, el secuestro, la emoción y el jugar a los detectives.

Pero como todo fenómeno social, también aparece el opuesto. Si bien habían cientos que creían que pasaba algo, otros tantos se afanaban en demostrar lo opuesto, por pura y simple ansia de ir contracorriente (que es otra forma de formar parte de un grupo social) y, sinceramente, estoy seguro de que estos estaban tan sujetos a los filtros selectivos de atención como los otros, ya que buscan confirmar sus teorías. Y no olvidemos que la inmensa mayoría de esta gente no son realmente investigadores, sino alegres jovenzuelos con ansia de aventuras.

En resumen, el personal veía lo que quería ver, porque deseaba verlo.

 

Al final nos va la caña

Ya comenté en otra entrada que, por mucho que la sociedad avance, la tecnología y la ciencia desvele misterios, el instinto y deseo de creer en cosas raras y misteriosas lo llevamos dentro.

Ya no hay leyendas sobre Vampiros (en parte porque ahora son gusiluces adorables), ni hombreslobo o los míticos monstruos de toda la vida. Ahora las leyendas giran más entorno a las leyendas urbanas, a secuestros misteriosos, páginas web raras o malditas… El deseo de creer que hay cosas extrañas ahí fuera sigue en nuestra naturaleza, indistintamente de si somos creyentes, ateos o agnósticos. Lo único que nuestras creencias van a perfilar, es el tipo de misterio en el que creeremos.

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Esta foto se vinculó a una Creepy Pasta llamada “El experimento ruso del sueño”, pero ha ido quedándose en el colectivo como casi-real, pese a saberse que es una historia de ficción y que esto es un muñeco.

Unos creerán que tal sitio está maldito por el espíritu de una niña ahogada, y otros que una chica ha sido secuestrada y se puede ver online. Pero al final obedecen al mismo sentimiento de la búsqueda de lo inquietante y perturbador (como diría Dross); el morbo. Y da igual que se demuestre que no es cierto, en nuestra mente lo querremos hacer real, y la prueba es la facilidad con que miles de internautas se dedican a investigar y ver códigos secretos donde no los hay.

¿No es acaso más emocionante descubrir que han secuestrado a alguien, y tú, a base de observación has desvelado todas las pistas y finalmente has colaborado a rescatarla que asumir que simplemente no pasa nada? ¡Y todo ello desde la comodidad de su casa, señora!

¿Por qué ver molinos cuando puedes ver gigantes a los que combatir?

Muchos piensan que Paul McCartney murió hace años y fue sustituido por un doble, y las portadas de los discos están llenas de evidencias (no entiendo por qué alguien haría algoen secreto, pero al mismo tiempo se dedicaría a mostrar claves al mundo para que lo descubran).

Intentar encontrar y salvar a la misteriosa Chip Chan, una asiática presuntamente secuestrada, se convirtió en la faena de muchos internautas, para acabar, nuevamente, en agua de borrajas.

Hace años se dio un informe falso, como broma, en el que los espaguetis crecían de los árboles, y podías conseguir tu propio árbol enterrando una ramita de espagueti en una lata de tomate y enterrarla. Mucha gente lo creyó.

¿Y aquella historia sobre una niña, un bote de foie-gras/mermelada, un perro y  Ricky Martin en el armario? Incluso cuando se desmintió esta historia, seguía habiendo gente que aseguraba, no solo haberlo visto, sino tenerlo grabado en vídeo. Imágenes que no pueden encontrarse en ningún lado.

Y esta no es la primera vez que pasa algo similar, incluso más fuerte. A lo largo de la historia, numerosos cuentos ficticios han acabado formando parte de las leyendas, y tomados como reales, gracias simplemente al éxito que han tenido. Es como si una historia es lo suficientemente buena y popular, es una lástima que no sea real.

 

slenderman.jpg

Slenderman es otro personaje de ficción relativamente moderno, pero que poco a poco ha ido haciéndose hueco en el colectivo, y ya hay gente que lo tienen como una leyenda real.

 

 

Conclusión

Esto demuestra, one more time, lo poco fiable que es la opinión popular. Sólo hace falta que alguien monte un poco de follón sobre algo con morbo, y luego las masas segurán a las masas,atraidas por el deseo de hacer algo interesante y formar parte de algo.

Que la mayoría asegure algo no es prueba de nada. Al fin y al cabo, la mayoría no es más que una muchedumbre repitiendo lo que dice una minoría, y hace apenas quinientos años, la mayoría decía que la tierra era plana, con pruebas irrefutables aportadas por la biblia.

¿Cuántas cosas «sabemos» que son ciertas porque todo el mundo lo sabe? Cuantísimos rumores han corrido y los damos por sentado, sin verificar, ni contrastar ni nada. ¿Cuántas cosas no sabremos que son realmente ciertas? La primera fuente que nos llega, y es coherente con nuestras expectativas y/o creencias, es creída. Y fin de la historia.

Como dice Hypnosmorfeo:

“No asumas nada. Cuestiona todo”

mito caverna

La historia de lacaverna y las sombras, de Platón, refleja como nuestra visión del todo es muy limitada.

 

 

 

 

 

 

 

2 comentarios en “Cuando Don Quijote conoció a Marina Joyce

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