La Familia

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Buenas.

Todos sabemos qué es la familia de manera más o menos directa.

También tenemos claro que la familia no se elige sino que tienes la que te toca; lo mismo tu padre es Julio Iglesias y tienes la vida solucionada, como que tu familia son campesinos del Nepal y te pasas la vida recogiendo cagadas de Yack. No tenemos control sobre esto.

Pero, ¿cuál es el origen de la familia y por qué surgió? ¿Fue un fruto de la generación espontánea o fue un acto premeditado? ¿Estuvieron los Anunakis de por medio?

¡Pues a estas dudas y una par más, vamos a dar respuesta señora!

The evil that men do

Para empezar, el concepto de la familia surgió de la propia esencia del mal que ya venía germinando en nuestra naturaleza humana. La familia fue la caja de Pandora que ha acarreado todas las desgracias que ha sufrido la humanidad desde el principio.

Pero, ¿qué fue primero, la maldad o la familia?

Ambos.

El uno generó al otro como un acto natural, pero el otro ayudó a desarrollar al primero, formando un círculo tipo Yin-Yang, como dos bailarines danzando un Vals. Una salsa agridulce que dará sabor al rollito de primavera, el cual es la razón de ser de la salsa agridulce. Un escalador que precisa de un piolet, el cual no existiría si no hubiera escaladores que se empeñan en subir montañas que necesitan un piolet para ser escaladas.

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El padre que todo friki querría tener

 

Volviendo al origen.

Al principio, cuando éramos monos y vivíamos en cuevas, el sexo era algo comunal; amigos por delante amigos por detrás, tu culo es mi culo y el que más pueda, para él y ella. Cada individuo se dedicaba a la más vasta promiscuidad sin control ni límites. Entre otros motivos porque no existía la religión.

Tampoco teníamos otras preocupaciones de ningún tipo. Si querías ir a cazar gacelas, te ponías tu taparrabos o ibas con el falo al viento, y a correr. Eran tiempos de felicidad y tranquilidad espiritual.

Los cachorros protohumanos eran cuidados por la tribu sin pensar «quién ha parido esto», en un todos por el todo, un comunismo prehistórico en pro de la capacidad inclusiva del acervo genético.

Pero en algún momento el mal se hizo carne y habitó entre nosotros. Debió de surgir un monito más borde de lo normal, alguien que, por lo que fuera, nadie quería cuidar. El resto de la tribu decidió que a ese crio lo iba a cuidar en exclusiva la madre que lo parió.

—Este pequeño cabrón es tuyo, así que apechugas y te lo metes por donde te quepa, pero que no nos incordie más.

Teniendo en cuenta que, como he dicho, en esa época no había moral, ni religión, ni reglas sociales, cabe preguntarse qué es lo que hacía para ser más cabrón que nadie. Quizá pintaba pollas a todos los dibujos de bisontes de las cuevas, o espantaba las cebras. No se sabe, es un misterio insondable que se escapa de los intereses de este artículo.

En cualquiera de los casos, esa madre a la que le habían endorsado un mono a jornada completa, debió de pensar:

—¿Y voy a tener que cargar yo sola con el trasto este? Los huevos.

Y buscó al probable padre, o al menos al más fácil de liar, y le dijo:

—Esto es nuestro. Así que si yo pringo, tú también.

Y así aparece la figura del padre y de la madre, nacidos del mal rollo de compartir un marrón en común.

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Consecuencias.

Este acto creó una nueva minijerarquía. Si hasta la fecha tenías que obedecer al jefe de la tribu, ahora te tocaba además obedecer a otros que decían ser tus padres y que mientras vivas bajo su cueva, aquí se hace lo que ellos dicen: ningún taparrabos es lo suficientemente largo ni abriga lo suficiente; tienes que dar cuentas de a dónde vas y con quién; no puedes comer esas bayas que han estado bajo el sol, han fermentado y tienen sabores raros, pero con efectos simpáticos; no te levantas del suelo hasta que no te acabes el brócoli. Una serie de reglas que antes no existían.

Si hasta la fecha tú salías a cazar ñúses sin miedo a nada, de golpe hay una mujer que te dice vas a coger frío; que te pongas una muda limpia por si tienes un accidente y el shaman te tiene que quitar el taparrabos; que no le gusta la gente con la que vas; que esa mona que te gusta es una fresca; que un bicho monstruoso se te llevará si no te portas bien… Un sin fin de cuestiones que no te habías planteado, pero de golpe hacen que todo el entorno sea un peligro potencial.

Vivías feliz pensando que lo peor que te puede pasar al ir de caza y forrajeo es que un bicho se te coma, y ahora tienes que preocuparte de si te constiparías, o de si el hombre del saco se te llevará porque ayer te portaste mal… ¡y ni siquiera se ha inventado el saco!

Así que mientras que el padre te inculca el callar y obedecer, la madre te mete el miedo a cualquier cosa. De este caldo de cultivo no podía salir nada bueno, y la historia me da la razón.

Pero hay algo bueno: de repente, la madre adquiere el poder de quitar el hambre con un huevo frito. También hay que tener en cuenta, que entonces los huevos podían ser de Pterodáctilo. Si tras una tortilla de cincuenta kilos sigues con hambre, háztelo mirar.

Como consecuencia a largo plazo, de la responsabilidad de tus propias eyaculaciones y formación de un núcleo familiar, tus padres ya no estaban tan contentos con la poligamia antes mencionada, no querían que a su hija la preñe cualquiera. Con este sentimiento y el invento del arma, nace el matrimonio, bajo el lema “El que la preña se la queda”.

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El auge del matrimonio (Rise of Weding)

En el momento en que la gente debe ir casándose con gente que tiene padres, y probablemente hermanos, se generan otras figuras apocalípticas: Suegros y Cuñados.

Los cuñados están ahí para contradecirte a todo, lo harán todo mejor, siempre tendrán respuestas para todo. Siempre será un ser superior a ti.

La suegra nunca estará contenta con nada de lo que hagas, ni siquiera con tu propia naturaleza o existencia. Siempre serás un ser inferior con respecto a su hijo/hija.

Serán pues, dos figuras que atentarán constantemente contra tu identidad y auto-concepto.

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Famoso personaje de “La Chaqueta Metálica”. Kubrick se inspiró en su suegra. O no.

Esta presión de recibir rechazo y odio gratuito por parte del pack que venía de serie con tu pareja, más tu propia familia, la atadura de por vida a una persona, los hijos que se generan y la frustración de no poder escapar, acaba degenerando en odio hacia todo, y te das cuenta de que cuando corrías por tu vida delante de una estampida de caimanes era mucho mejor.

 

En los tiempos salvajes al menos sabías a lo que te atenías, y sabías como solventarlo por la vía rápida. Pero con la familia, no hay manera. Me gustaría ver a Bear Grylls en una cena familiar, a ver que trucos se saca de la manga.

Te venía un mono de otra tribu con un hacha de piedra y sabías perfectamente que le podías abrir la cabeza con la tuya y todo estaba bien. Pero ahora ves la cara de asco que te dedica tu suegra, y te la tienes que tragar sin poder hacer nada por evitarlo, salvo contraatacar con tus propios familiares, provocando una guerra de cuñados, suegros y sobrinos.

Tus hermanos pueden contrarrestar a los de tu cónyuge. Tu padre discutir con el de tu pareja, y tu madre hablar del Sálvame de Luxe o de enfermedades coronarias con su homólogo.

Hay que tener mucha estrategia para sobrevivir a una cena familiar.

 

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Así que toda esta tensión y desprecio de unos a otros, fue redirigiéndose hacia otras cosas, a modo de sublimación, y fueron apareciendo cosas como el Cubismo, la religión organizada, el Despotismo Ilustrado, el Concilio de Trento, la política, vídeos de Leticia Sabater y, en general, la sociedad humana, orientada a distraernos de esa mierda de vida en la que nos habíamos metido.

Todo esto es un círculo de maldad que se retroalimenta.

Por que si bien el origen de todo esto fue el hecho de que a la madre primigenia le encasquetaron un pequeño cabrón, y esta no quiso soportarlo en silencio y soledad como las hemorroides, sino que prefirió buscar a alguien más a quien endiñarle parte de su propia penitencia, se puede ver ese pensamiento de:

“Si yo estoy jodido, tú también”.

Es lo que Hitler pensó cuando le expulsaron de la escuela de arte. O cuando a Julio Cesar le echaron de Roma. O cuando Torquemada no follaba.

Así que el mal intrínseco en el humano lleva a crear a la familia, la cual desarrolla más maldad, o más elaborada, y se produce una retroalimentación de fastidiarnos unos a otros formando un bucle infinito.

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Otra vuelta de tuerca

¿Creíais que esto acaba aquí?

Infravaloráis la capacidad humana de joder la marrana.

A los suegros y cuñados los tienes que soportar en cenas familiares. Los hijos, hasta cierto punto son optativos. Pero el sobrino es algo sobre lo que no tienes ningún tipo de control.

Puedes intentar escaquearte de tratar con esos pequeños vástagos de Satán que son los niños, pero no puedes controlar que tus hermanos o cuñados tengan los suyos. Y te los encasquetarán. Apuesta tus gónadas por ello.

Te tocará comprarles el muñeco de Spider-Man que está de moda y sus padres no pueden conseguir porque está agotado. Te visitarán cuando menos te convenga. Tu amado sobrino tocará todas las cosas de tu casa y hará de objetos delicados sus juguetes. Pintará en tus comics de Mafalda y de Sin City. Y ten por seguro que te tocará llevarlos a la cabalgata de reyes para que te pelees con otros tíos por conseguirle caramelos al niño mientras los reyes te tiran Sugus a la cabeza.

Y como acto catártico ante tanta presión sólo podrás decir una frase:

—Jamás te lo perdonaré, Carmena. ¡Jamás!

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Concluyendo, que se me hace tarde

Así que podemos observar cómo con los sobrinos volvemos a la máxima de

“Si yo estoy jodido, tú también”.

Y así se cierra el círculo. Un círculo imperfecto, pero un círculo.

Toda la tecnología y eventos fueron desarrollándose como una necesidad de tener a los parientes ocupados frente a la tele viendo vídeos de gatos, programas para marujas, el bricomanía para tus cuñados, o, más recientemente, cazando pokemones en la calle.

Incluso la revolución industrial se ideó para meter a los hijos en las chimeneas un rato. ¿Pensáis que no podían hacer las chimeneas más grandes para adultos? Por supuesto, pero si lo hacían ¿con qué excusa les hacían meterse dentro a ellos y no a ti?

 

En conclusión, se puede observar, con estas pruebas robustas y sin grietas, que la sociedad se ha formado por una necesidad de encasquetarle a alguien los familiares que no soportas.


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