Filosofía en la Fiesta

Muy buenas.

Últimamente he estado meditando profundamente. Me he retirado al ostracismo para encontrar las respuestas a ciertas dudas que me atribulaban, y con la ayuda de peyote y ayahuasca[1] he emprendido un camino hacia los planos espirituales en busca de la comunión con los Espíritus y recibir su sabiduría.

En estos estados alterados de conciencia, he pululado por los Planos Inferiores, Superiores, Plano Izquierda B y todos los que ha hecho falta hasta dar con mi tótem, con el que tuve una amena merienda-cena, y la verdad que muy bien, muy majo mi Tótem.

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Por algún motivo, este Tótem tuvo a bien iluminarme en el concepto de lo que es la Fiesta, sus orígenes ancestrales y sentido actual. Así que no voy a ser un egoísta cabrón, y voy a compartir mis conocimientos recién adquiridos desde las mismísimas entrañas del alma de Gaia, con todos vosotros. Un meta-análisis de la Fiesta y el hedonismo loco que ha salpicado las páginas de nuestra historia, cual eyaculaciones de un jovenzuelo las páginas de una revista porno.

Pero empecemos por el principio.

 

El origen de la Fiesta.

El propio origen de la Fiesta habría que encontrarlo en el concepto de  un grupo de gente pegándose la gran bacanal, interactuando entre ellos por un esparcimiento más y mejor. Pero sin penetración, porque entonces estaríamos hablando de Orgía y eso es otro tema.

Ciertos historiadores han conseguido datar el origen de la Fiesta durante la dinastía Ptolemaica, concretamente con la creación de la primera versión de Paquito el Chocolatero. Y esto es así.

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Fresco de unos egipcios bailando Paquito el Chocolatero

Aunque se ha creído durante décadas que Paquito el Chocolatero es actual, escrita por Pascual Falcó en 1937, pero no es más que una traducción al Español de la original, que como digo, data del 300 A.C.

Se descubrió que los jeroglíficos situados en la pared Norte de una de las pirámides, eran realmente la letra de esta canción, y en la pared de enfrente se describía como bailarla.

Así que este baile y canto popular fue compartido con los romanos (que se supone que lo bailaron todos juntos como ritual de buen rollo y fraternidad), griegos, sumerios, etc., hasta llegar a las verbenas de nuestros días, y que King África re-versionó (se rumorea que es un descendiente de los Anunnaki)

El efecto esotérico que tiene esta canción en el populacho es obvio, ya que durante las verbenas y fiestas locales cada uno tira para su lado, y no es hasta que suena Paquito el Chocolatero que todo el mundo tiende a juntarse y bailar como una sola persona, unidos por una fuerza incomprensible, imitando de alguna forma los bailes que los faraones se pegaban a la orilla del Nilo.

No es de difícil pues, imaginarse a Leónidas y los suyos bailando Paquito el Chocolatero antes de cada batalla, o a los Druidas celebrando el solsticio de primavera con esta danza dentro del circulo de piedras.

Los hay que incluso dicen que es un antiguo rito aportado por los Anunnaki y que ya bailaban en sus naves esta danza cancanesca.

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Partitura original de Paquito el Chocolatero

 

 

La Fiesta Platónica.

Uno de los principales conceptos filosóficos de la fiesta es el de la Fiesta Platónica.

De alguna forma, todos tenemos dentro de nosotros un ideal de fiesta perfecta, un Camelot de las fiestas, el Mágnum Opus del desparrame, esa fiesta que una vez encontrada, ya no puedes sino ir a peor.

Salir de fiesta es, sin duda alguna, una búsqueda interior.

Día tras día sales a las calles en busca de ese abandono al hedonismo máximo y perfecto, disfrutando de cuantas ofertas se te crucen en el camino, pero lo cierto es que vamos buscando el vellocino de oro festiveril.

Por supuesto, aquí cada cual interpreta la Fiesta bajo su propio concepto subjetivo; mientras que para unos sería estar en una sala de baile, para otros podría ser un ciclo infinito de Cine de Barrio. Cada uno lo suyo, no voy a juzgar a nadie.

Sin embargo, personalmente, considero que esa fiesta perfecta debería, parafraseando a Javier Cansado, acabar en muerte.

Pero no en muerte porque la gente ha pillado una intoxicación por la mus de salmón, o porque se han vuelto locos y se han matado entre ellos, o algo así. Nada de eso.

Muerte por castigo divino, señora. Porque Dios, en su juicio, ha considerado que lo que está ocurriendo en ese punto es tan pecaminoso y desvergonzado, que ha tenido que acabar con la vida de sus participantes a base de fuego y azufre para que no quede el menor vestigio que dé testimonio de lo que ha ocurrido allí.

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Y así, todos morir de una forma espectacular con un despliegue de efectos especiales de proporciones divinas.

Acabar una fiesta con algo menor a eso, es inaceptable. Llamadme exigente si queréis.

De momento y hasta la fecha, no ha ocurrido, y mira que no tengo ningún tipo de filtro ni criterio a la hora de meterme en sitios. He estado en los peores antros de Soria, en impresionantes salas de fiestas que nunca cerraban en Benidorm, bailado al son de un violinista en nosequé puñetero puente en Budapest, locas noches en el Imserso.

 

El Principio de Incertidumbre de Schrondiger.

Cuando fui a los planos superiores, dónde me mostraron conceptos más altivos e intelectuales, me di cuenta de los conceptos filosóficos que la Fiesta encierra en ella misma, y uno de ellos es el principio de Incertidumbre de Schrondiger.

Para quien no lo conozca, este concepto dice que si metes un gato en una caja con una botella de veneno, no puedes saber si el gato está vivo o muerto, porque no puedes ver dentro de la caja, así que no lo sabes.

Aquí me gustaría hacer un alto y decir que, si tú metes un gato en una caja, y lo tienes ahí tres años sin comer ni beber, igual me equivoco, pero yo apostaría a que ese gato está muerto. Y también hay que ser un cabrón para darle como única fuente de alimentación un veneno; hoy día este señor le habrían desconfederado del círculo académico por maltrato animal virtual.

En cualquier caso, este principio indica que no sabes lo que te vas a encontrar en algo que no ves, y en una fiesta esto ocurre en los cuartos de baños.

Cuando abres la puerta de un cuarto de baño, ¡puede haber cualquier cosa, señora! Desde un fulano dormido, una pareja copulando, gente drogándose. Incluso una forma de vida extraña desconocida, porque cuando te encuentras a alguien sumergido en su propio vómito no sabes si es un mamífero, un anfibio, o quizá un pariente de las ballenas porque de vez en cuando levanta la cabecita, coge aire y se sumerge en su bilis otra vez.

El cuarto de baño de una fiesta es una puerta a otra dimensión dónde todo es posible. Quién sabe, puede que encuentres hasta un cuarto de baño vacío y limpio. Pero hasta que no abres la puerta, todo es posible ahí dentro.

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El Principio de Incertidumbre de Heisemberg.

Hay muchas incertidumbres en una fiesta, y es porque son una representación del Caos en la tierra. Otra de esas incertidumbres es el no saber cuál va a ser la copa que te haga cruzar la línea de la borrachera. Para cuando hemos cruzado esa línea ya es tarde, y por supuesto perdemos la cuenta, por lo que no hay forma de saberlo.

En cualquier caso, nuestro organismo es bastante aleatorio, y si bien puedes funcionar con cuatro pintas, puede que un día a la segunda ya vayas como las cabras, y otro día te has bebido hasta el liquido de las lentillas y sigues igual.

¿Cuál es la copa que te hará pasar el límite?¿Cuál será el Gin-Tonic que me dará el coraje de trepar por una pared de ladrillos? ¿Realmente me han puesto primera marca o es de garrafón? ¿Cómo es realmente ese borrón al que le estoy hablando desde hace horas? ¿Es humano o un contenedor? ¿Dónde y en qué estado te despertarás?

No hay manera de saberlo.

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“¿y dónde coño estaba yo?”, mítica frase de la película “Agarralo como Puedas”

El Dualismo Cartesiano

Por último pero no por ello menos importante, es el dualismo cartesiano.

Este concepto pone por un lado que los Humanos somos lógicos y racionales, mientras que por otro, mantenemos nuestro lado visceral e irracional de los animales.

Pues en una fiesta ambos conceptos coexisten en el mismo cuerpo y tiempo. Somos personas y bestias al mismo tiempo.

He visto en innumerables ocasiones a gente entrar en una sala, andando como perfectos caballeros, y salir a gatas como el más rastrero de los perros. En una fiesta, una persona no acaba igual que empieza. Puede que incluso ni con la misma ropa.

El comportamiento humanimal al ver a miembros del sexo opuesto, tanto en hombres como mujeres, está esperando a emerger, y que mejor ejemplo que las despedidas de soltero/a, en la que se aprovecha para dar rienda suelta la lado más desquiciado y te pones diademas de pollas en la cabeza, cosa que no harías en otra situación.

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Una noche de fiesta cualquiera con los colegas

También he visto a gente yendo en limusina, ese elemento atado al glamour que alquilan para darse un lujo por lo que sea. Pero lejos de mantener su conducta de persona humana, sacan la cabeza por la ventana y berrean como antílopes desquiciados. Se supone que cuando alguien alquila una limusina es para aportar algo de garbo y pompa a su vida y mostrarlo al personal, pero al mismo tiempo su lado animal compite, es como si a mayor Caballerosidad, mayor Animalidad, como buscando que el sumatorio sea cero.

Quizá el acto de alquilar la limusina sea para poder dar una mayor libertad a su lado animal. Que, imitando el comportamiento de los simios, una persona se pudiera comer sus propias heces, pero nadie le censuraría porque, “¡he!, ¡va en limusina!”. Ser un animal salvaje y descontrolado, pero molando, ese es el lema.

No sólo es que la mona cuando viste de seda, mona se queda, es que retrocede más en su escala evolutiva. En una fiesta, el personal saca a su mono Freudiano interior y se deja llevar (tenía un amigo que literalmente había que bajarlo de los árboles. Hay testigos).

Esta lucha interior está muy bien representada en la saga “Crepúsculo”, en la que una casquivana zagala se debate entre sus impulsos salvajes, representados por un licántropo metrosexual, y la represión total de las emociones, reflejada en un no-muerto emo. Finalmente se decanta por la represión emocional, mostrando que fuera del entorno festivalesco tendemos a comportarnos de forma sobria, pero que en el fondo desea la fiesta, ya que el vampiro en cuestión tiene tendencias a ser bola de discoteca los días soleados.

Llamadlo dualismo, licantropía o como queráis, pero esta lucha interna entre Humano-Animal se lleva acabo durante toda la jornada fiestil, durante todo el consumo de alcohol, drogas y lo que se tercie.

 

Conclusión

Pues estas fueron las conclusiones a las que llegamos, como ya he dicho, gracias a la ayuda de los Espíritus y el consumo desproporcionado de drogaínas varias.

No sé como acabar esta entrada con elegancia, así que… adiós.

 

[1] Mucho peyote y mucha ayahuasca. Pero mojando con pan y rebañando el plato.

 
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