Briconsejo de escritura: Los Errores que no Vemos

Muy buenas.

¿Sabes ese awkward moment de escribir un texto, revisarlo mil veces, publicarlo o pasárselo a un amigo y entonces alguien te dice algo del tipo: “has puesto `cuanto´ sin tilde”?

Y te cabreas como una mona porque no entiendes cómo se te ha pasado algo tan tonto siendo que lo has revisado mil veces.

Esto puede aplicarse a cualquier cosa: trabajos en cadena, operaciones de fimosis, revisar no dejarte ningún hijo por ahí… cada uno que se lo aplique como quiera, pero yo me voy a centrar en la escritura.

Pese a que normalmente el resto de la humanidad atribuirá tu error a un hecho intencional, cosa que realmente ocurre las menos de las veces, el motivo de que repasar mil veces no es tan efectivo como parece, tiene una razón que quiero explicar para evitar suicidios en masa, histerias o abusos indiscriminados de Prozac. O todo a la vez.

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El motivo es algo precioso que se hace llamar (leer en reverberación): Inhibición de Retorno.

 

¿Qué es la Inhibición de Retorno? ¿Eh?

 

La Inhibición de Retorno no tiene nada que ver con las congestiones de tráfico al volver a casa tras las vacaciones, es algo más técnico.

Por si no lo sabías, el cerebro procesa, de forma más o menos constante, una cantidad absurda de información. De forma consciente podemos procesar unos 50bits /segundo, frente a los 11 millones que se manejan de forma inconsciente, es decir, sin que nos demos cuenta[1].

El pobre cerebro se pasa trabajando como un loco desde que empieza a funcionar, al igual que el corazón, el hígado o las gónadas, pero además lo hace como si no hubiera un mañana. Incluso mientras dormimos, su actividad es incluso superior a los momentos de vigilia. No sólo maneja la información que le llega del exterior, sino toda la del interior, regula que las constantes sigan siendo vitales, que el corazón lata como debe hacerlo, que los globulillos sean los adecuados, los niveles de todas las enzimas, neurotransmisores, etc… Un escándalo señora. Un leñador vasco es un moñas al lado del cerebro.

Pues para que el chaval pueda hacer sus funciones sin estallar como un Gremlin en un microondas, tiene sus trucos. Unos trucos que conllevan una cierta cantidad de errores, pero que el sumatorio final es positivo, porque al final, al cerebro sólo le interesa una cosa: ser eficiente. La “verdad” le importa un carajo.

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Clásica escena de “Scanners”. Es lo que pasa por pensar demasiado a la vez.

 

¿Voy a explicar de una maldita vez, qué es la Inhibición de Retorno?

Vale va.

El asunto de la I.R. es que su función es precisamente inhibir el volver a comprobar cosas que no hace falta.

Supongamos que guardas la grapadora en un cajón. Y ahí se queda. ¿Qué pensarías de una persona que cada cinco minutos está comprobando si la grapadora sigue ahí? Pues que está fatal de lo suyo. Esto es un ejemplo bastante exagerado, pero para que te hagas una idea sirve.

Efectiviwonder, la I.R. lo que hace es evitar que estemos comprobando las cosas constantemente, porque el cerebro “asume” que si la primera vez que viste algo era de una forma, en principio va a seguir ahí; es un mal gasto de recursos repetir las mismas tareas innecesariamente. A no ser que tengas a Jesucristo de invitado, un vaso de agua seguirá siendo agua.

Si dejas un objeto en un lugar, podrías más o menos acertar a cogerlo con los ojos cerrados, porque el cerebro almacena esa información y no necesitas estar comprobando la ubicación del objeto en cuestión (hasta que Carol Anne diga que “ya están aquí”).

 

¿Qué carajos tiene todo esto que ver con cometer faltas al escribir?

Pues igual ya te lo ves venir.

Muchas de las faltas de ortografía, especialmente en gente que se dedica a escribir, no son precisamente por desconocimiento, sino más bien porque el dedo pulsa la tecla errónea, porque en uno de esos “trucos de eficiencia” el cerebro se raya y escribe una palabra mal, estar pensando en lo que se está escribiendo en lugar de en la ortografía, etc… Aunque no lo creas, hay montones de causas de errores, y el desconocimiento es solo una de ellos (aunque sea al que principalmente se les atribuye).

Por mucho que queramos, es una faena tediosa repasar palabra por palabra y, adicionalmente, no podemos evitar revisar cómo está escrito, el léxico, composición, descripciones, comportamiento de los personajes, etc., es mucha faena para unos procesos conscientes, y el cerebro, que siempre trata de resumir presupuesto,  si  “sabe” que ya escribió correctamente una palabra… se la salta. Incluso nos comemos palabras, pero al repasar las “leemos” sin darnos cuenta de que realmente no están ahí. Pasar por alto fallos de congruencia en una frase porque hemos cambiado una parte y olvidamos la otra… Millones de fallos tontos.

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Nosotros “creemos” que todo está bien, que es imposible que nos hayamos saltado algún error, pero ha ocurrido, hemos ignorado esa frase porque “ya estaba correctamente escrita”. Es más, llega un punto en que cuanto más lo revisamos, menos vemos porque “ya lo he revisado mil veces, ¡está bien!”

Por esto es importante que lo revise otra persona, porque está libre, en principio, de toda la faena de revisión del relato como tal, y únicamente se puede centrar en la ortografía y además, para esta persona es una información nueva. El truco de dejar las cosas y leerlas tiempo más tarde funciona en esta línea, ya que se basa en olvidar lo escrito y por lo tanto olvidar que “estaba todo bien”.

 

Conclusión.

El cerebro humano es una máquina impresionante de eficiencia y trabajo duro, pero no es perfecta. Es impresionante todo lo que puede gestionar, pero a costa de numerosos pequeños errores, los cuales son explotados sin compasión por Ilusionistas para engañar nuestros sentidos (los libros “Los Engaños de la Mente” y “El Gorila Invisible” tratan esto y mucho más).

Así que, a partir de ahora, cuando se te pasen por alto esos fallos al escribir, ya sabes a qué puede deberse: errar no sólo es humano sino perfectamente normal.

Como ejemplo de uno de los muchos experimentos acerca de cómo el cerebro ve lo que le da la gana, aquí te pongo uno de los más clásicos, que quizá ya conozcas.

 

Gracias por su atención y permanezca en sintonía.

[1] He puesto las cifras que se dan en el documental de Redes “El experto y sabio inconsciente”, porque si investigas encuentras cifras más o menos diferentes; esto pasa siempre. Lo importante no es la exactitud, sino el concepto. ¿Desea saber más?

 

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6 comentarios en “Briconsejo de escritura: Los Errores que no Vemos

  1. Uy entonces tengo inhibicionitis de retornitis aguda xD como ya constataste en uno de mis post… De ahora en adelante cuando escriba algo se lo pasaré a alguna amiga que no tenga peor ortografía que sho.

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    • Hola. El artículo es interesante. Me sucede con frecuencia que si cometo un error en lo que sea, por más que lo revise, lo salteo una y otra vez,incluso cuando sé que hay un error en el trabajo. Debo plantearme en estos casos un cambio de actitud y así me es posible hallar el error.
      Pregunto: ¿era necesario utilizar malas palabras en el articulo? Tal vez sea anticuada y me resultan chocantes en todo momento, y especialmente en un blog de escritura, pero tal vez sólo sea una cuestión personal

      Le gusta a 1 persona

      • Hola Laura, gracias por tu comentario. No entiendo muy bien el “Pregunto: ¿era necesario utilizar malas palabras en el articulo?”.
        Respecto a lo de que saltas una y otra vez un error, aun sabien que está ahí, yo creo que es por esto que comento. Es como cuando estás buscando el bote de pimienta, no lo encuentras y luego resulta que lo tienes en tu cara. A veces, cuanto más revisas menos ves. Me pasa mucho con faltas muy tontas de ortografía o fallos al teclear. Lo que hago (aunque no es que sea el consejo del año) es leer en order invertido, del final al principio, para no dejarme llevar por la narración y poder fijarme sólo en las palabras. No sé si esto te sirve de ayuda.
        Saludos.

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      • Hola Tocaya! (no sé de qué país seas pero así llamamos en México a las personas que nos llamamos igual, en mi caso también me llamo Laura…)

        Bueno eso era un comentario para romper el hielo.

        Con respecto a tu pregunta: como yo lo veo, siendo lectora al igual que tú, no está mal que se usen palabrotas. Incluso hay veces que las creo necesarias para dar mayor énfasis a ciertas partes. Obviamente hay de palabrotas a palabrotas y la cantidad de veces que se utilicen, porque si en vez de ser un recurso… Bueno eso ya no es literatura.

        Vaya hasta Gabriel García Márquez hacía uso de ellas en algunas de sus obras.

        Entonces honestamente no lo veo mal.

        Saludos 🙂

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