Comiendo Coños

Este es un tema algo delicado y dado el contenido, no es apto para los menores de 18 años. Así que si eres menor en tu país deja de leer. Vete a jugar al minecraft o a dar por culo por ahí.

No es que me importe, francamente, pero no quiero líos con tus padres o la policía.sexo_28_1_14

A lo que voy.

El otro día estaba charlando con un colega sobre un problema que afecta muchos de los hombres de hoy y es que no podemos comer coños con la facilidad que nos gustaría. Y cuando digo comer coños me refiero a cualquier actividad centrada en la vagina de forma placentera; ya sea usar la boca, las manos o lo que toque, pero siempre, y esto que quede bien claro, sin penetración. Puramente satisfacer a una hembra y nada más. No hace falta que ella haga nada ni se sienta obligada a hacer nada a cambio, que el sexo es para disfrutar y no un mercadillo.

Porque la esencia de la situación es que lo que queremos es comer el coño, ¡maldita sea! El resto sobra. Cada uno es cómo es; hay gente que en mitad de una fiesta necesita hacerse coca, o prefiere whisky o cualquier cosa.

Pero los hay que nos molaría comer un coño por qué sí, porque hoy es hoy.

– Buenas, he salido a tomarme unas cerves con los colegas y comer un coño. ¿Cómo te llamas?

Porque no hay nada más bonito que una mujer teniendo un orgasmo.

El dilema que teníamos es que eso no es algo que se pueda hacer así como así. Nos gustaría poder conocer a una chica, y después de un rato de conversación y ver que hay buen royo, que te sientes a gusto con ella, poder decirle sin problemas

– Oye, me apetece sacudirte las cortinillas, ¿quieres?

Sin malos rollos, porque la gente estas cosas se las toma a mal por lo que sea. Que tampoco lo entiendo, no le estas diciendo que te pinte la casa, ni nada raro, es algo bonito, placentero, molón.

Que quiere, pues ea. Se le come, y si es multiorgásmica pues mejor aun. Y luego continuamos con la conversación, otra cerveza y todo tan normal. Si más tarde vuelve a apetecer pues se repite. Pero de buen rollo, que aquí no se obliga a nadie a no hacer lo que no quiere hacer (o que le hagan).

Que no quiere, pues nada.

– Una lastima, me apetecía comértelo, pero si no puede ser pues no pasa nada ¿de que hablábamos?

Entonces la movida es, ¿cómo introducir este tema en una conversación sin que la gente se sienta molesta? Porque mucho se dice que si hoy día tenemos menos tabúes, mente libre, muchas sombras de grey pero a la hora de la verdad el personal sigue igual de reprimido, carajo.

Porque a veces es lo único que uno quiere: comerse un conejo. Y punto pelota.

Hay una comunidad creciente de tíos comecoños en las calles… y nadie nos comprende.

Por cierto, permanezcan en sintonía porque estoy preparando un artículo sobre el noble arte de sacar brillo al bollete calorete, especialmente indicado para hombres.

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