Jodidos pero contentos

Buenas.

Seguramente habrás visto algunas de esas típicas entradas de blogs sobre las vivencias de algún español o española en el extranjero.

Yo me propuse no hablar de dos cosas en mi blog: ni política ni vivencias de un Español en el extranjero. Pero ya hablé un poquito de política, así que puestos a patear mis propias reglas, romperé un poco la segunda.

Generalizando, y basándome en mi experiencia, hay dos tipos de entradas sobre el asunto.

-Los llorones. El que habla de lo triste que es irse de casa, lo mucho que echa de menos su país, su familia y su plato de lentejas, el que se queja de que por culpa de como anda España ha tenido que irse a otro sitio donde no es feliz porque todo es una mierda. El que convierte su experiencia en un drama Shakespeariano.

-Los felices. Ha conseguido sobrevivir al impacto del choque cultural, se ha adaptado y ha conseguido establecer una vida y es feliz. A estos les doy mi enhorabuena sinceramente, sin un ápice de sarcasmo en mis palabras.

Y luego estamos los Jodidos-Pero-Contentos. Estamos en un punto medio entre los otros dos.

Somos los que pasamos por situaciones chungas, pero aún así conseguimos salir adelante.

Seguimos sufriendo el choque cultural da igual cuantos años estemos en el extranjero, a veces con gracia y otras con irritación, pero eso demuestra que aún quedan cosas por descubrir.

   Nos han tirado de casa landlords cabrones y nos hemos quedado en la puta calle, pero nos ha acogido en su casa algún amigo al que conocemos de pocos meses o incluso semanas.

Muchas veces no tenemos tiempo de nada o los trabajos nos secuestran las horas de sociabilidad, pero disfrutamos de los buenos momentos cuando los podemos tener, y si no, lo buscamos y empalmamos la fiesta con el curro de resaca y no pa’a ná.

Echamos de menos nuestras comidas y fiestas regionales, pero hemos descubierto otras nuevas y las añadimos al saco (steak and ale pie, mmm….).

Conocemos gente extraña, y quiero decir rara de cojones.

Decimos adiós a muchos más amigos y amigas de lo que nunca hubiéramos podido pensar, pero a cambio conseguimos casa en diferentes partes de España u otros países para ir de visita.

Nos partimos el culo o nos indignamos con algunos comentarios de los grupos “Españoles en…” de donde estemos, y donde no también porque nos añadimos a grupos de lugares donde ni hemos puesto un pié.

Vivimos una serie de circunstancias sin llegar a saber realmente qué pasará el mes siguiente, en un constante pensamiento de querer cambiar de trabajo y probablemente de casa pero eso nos mantiene en actividad, lejos del tedio y aburrimiento de la monotonía.

Compartimos piso con gente aleatoria, cada uno de su padre y de su madre, gente curiosa, dificil de tratar, maravillosa, que da miedo, entrañable o gente que se convertirán en amigos forever. Entrar en una casa es como habitar un huevo Kinder.

Aprendemos a decir tacos de varios idiomas.

Vivimos experiencias y conocemos gente y cosas que en nuestro país, bajo las faldas de nuestras mamás, no hubiéramos vivido ni de coña.

Nos perdemos, literalmente, por laberínticas calles, pero en el proceso descubrimos rincones de la ciudad, a veces incluso que no conocen ni los mismos nativos.

Nuestro día a día es una montaña rusa, de arriba a abajo y sin saber que pasará, pero disfrutamos cada momento.

En definitiva, estamos jodidos pero contentos y no lo cambiaríamos por nada.

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