Anuncios chungos

Buenas noches.

Hay anuncios por ahí, que de verdad que no sé quien los ha ideado. Pero la verdad es que tampoco es culpa del artista que tuvo de crearlos, sino de quien parió semejantes trastos. Primeramente vas a ver unos anuncios de juguetes para niños, que ahora que nos acercamos a la Navidad son casi imprescindibles.

Deleitate.

Y ahora vienen dos perlas. Primero mira los anuncios y luego ya te comento.

   Bueno, los comerciales no son especialmente graciosos, pero es que es lo de menos. El asunto es el objeto en sí.

A ver, analicemos.

   El primero, un juego de golf para practicar mientras cagas en el trono; simplemente impresionante. Es que no tengo palabras. Es absurdo por definición. Solo tiene su gracia como regalo de coña, en plan “toma para que te diviertas mientras pones un huevo”. ¿De verdad se esperan que la gente se compre eso para mejorar su técnica de golf mientras pone un pino? Porque entonces deberían acompañarlo con un laxante para hacerte un campeón. Pero si la vergüenza no es suficiente, ademas regalan el cartel de “no molestar”, por si necesitas tiempo extra.

   El segundo ya es para mear y no echar gota, literalmente; un palo de golf en el que puedes mear. A ver… sinceramente. ¿Qué persona, en su sano juicio, va a comprar eso? ¿Han pensado en que una vez usado te vas a pasar la tarde con un palo de golf lleno de orina? ¿Y si se abre a mitad de golpe? ¿Por qué no, ya puestos, han hecho otro donde cagar?

-Pásame el palo 7.

– Creo que para este hoyo es mejor el madera 3.

-Ese ya está lleno, pasame el 7, y rápido.

   Estos inventos son chorras, vale, tienen su gracia, pero lo que me flipa no es la idea, sino que existan. Quiero decir, hay todo un proceso, muy selectivo desde que a alguien se le ocurre algo hasta que acaba en un comercio. Tener una idea está bien, mucha gente la tiene.

   Pero esa idea tiene que materializarse. El tío del palo de golf-retrete fue a una empresa y les dijo “Quiero que me hagáis esto” y claro, las empresas no hacen tres o cuatro, harían cientos. ¡Cientos de palos de golf para mear, cientos de juegos de golf para cagar. Joder! ¡Imagínatelo joder! Imagínate al técnico al que le llega el encargo.

-Tienes que hacer 400 unidades de juegos de golf para practicar mientras cagas.

   -¿Qué?

   -Sí tío, lo que has oído, alguien nos paga por esto.

   -Dios bendito, sacarme una carrera para acabar haciendo esto.

   Centros comerciales lo adquieren para venderlo, aunque sea la teletienda. Alguien dice “este invento me va a hacer rico, maldita sea” y compra esas 400 unidades de palos para mear pensando que los va vender.

   Pero esto no acaba aquí, no chaval. Habéis visto un comercial. Alguien ha invertido dinero en hacerlo. Alguien fue a una empresa de marketing y les dijo

-Hacerme un comercial sobre un palo de golf para mear

-Por supuesto, es lo mejor que le ha pasado a esta empresa.

Dios mío, ¿os podéis imaginar lo desesperada que debía estar esa empresa para aceptar el encargo?.

   Pero es que exige un gasto, contratar actores, decorados, postproducción… Pobres actores estigmatizados de por vida. La gente los reconocerá por verlos cagar en un anuncio y emocionarse por meter la bola de golf en el agujero. Sus hijos se suicidarán para evitar la vergüenza. Sus mujeres pedirán el divorcio. Serán expulsados de la asociación de vecinos. Su vida ira en declive. ¿Tan desesperado puede estar una persona para acabar así?

   Ha habido todo un proceso largo y costoso desde que alguien tuvo ideas absurdas bajo los efectos de las drogas, hasta que lo ves en la tele y, sobre todo, hasta llegar al comercio. Y han sido aprobados, una junta de gente ha dicho en algún momento

-Eso va a sacar nuestra empresa adelante, ¡Apostemos el futuro de la empresa por este invento!

   Y lo más triste es que aunque hayan acabado en el olvido, seguro que al menos tres o cuatro lo han comprado. Siempre hay alguien que compra lo incomprable.

   Como dijo Terry Prattchet en una de sus novelas (más o menos, no me acuerdo literalmente), había una montaña en la que cada vez que alguien la subía dejaba una piedra, para demostrar que no había nada lo suficientemente estúpido que el ser humano no fuera capaz de hacer.

Pues eso es todo, no olviden supervitaminarse ni mineralizarse, salvar a las ballenas y  suscribirse a este pequeño Blog de estar por casa (escribo las entradas en zapatillas y pijama).

Un comentario en “Anuncios chungos

  1. Pingback: Frikenado sin Querer | Mundo Bizarresco

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