Traumatizando niños

Hoy he visto un acontecimiento la mar de divertido en el hotel donde trabajo como cocinero, en los UK.

Estábamos afanados, yendo y viniendo en un follón de clientes y faena cuando, en un momento determinado, una familia ha entrado en el comedor y han acorralado cobardemente a un pequeño niño rubio y le ha cantado el cumpleaños feliz. Hasta aquí todo bien, ¿no? Pensarás que majos son, que le felicitan y tal.

Pues no.

La cara del niño era la de un niño en proceso de traumatización. No sé muy bien porqué, la verdad, pero la cuestión es que el pequeño inglés de cabello dorado estaba plantado, tieso como un playmobil, rodeado de adultos que le cantaban sin ningún pudor el cumpleaños feliz a pleno pulmón delante de una muchedumbre de desconocidos, atrayendo la atención hacia una personita que obviamente prefería el anonimato e inadvertibidad, cuya expresión era tipo “¿Por qué mi familia me odia?”.

Si un sordo hubiera visto el acontecimiento, ajeno a la canción, pensaría que estaba presenciando un ritual de iniciación de una secta que por algún motivo debía realizarse en el comedor de un hotel, a las nueve de la mañana.

La cuestión es que la situación tan absurda, a la par que simpática, de ver al zagal de rostro deprimente sitiado por sus familiares nos ha alegrado la mañana a una camarera y a mí.

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2 comentarios en “Traumatizando niños

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